Columna de opinión

Paulo Barraza Rodriguez

PhD., Profesor Asociado del Instituto de Estudios Avanzados en Educación de la U. de Chile; Encargado del Laboratorio de Neurociencias, Cognición y Educación del CIAE-U. de Chile

 

 

En su libro Emociones y Lenguaje en Educación y Política, el biólogo chileno Humberto Maturana señala que: “[…] uno no puede reflexionar acerca de la educación sin hacerlo antes o simultáneamente acerca de esta cosa tan fundamental en el vivir cotidiano como es el proyecto de país en el cual están inmersas nuestras reflexiones sobre educación”.

Considerando las palabras de Maturana, no es de extrañar que, dado el ‘proyecto país’ que se ha construido desde el retorno a la democracia, hoy tengamos un modelo educativo guiado -al extremo- por el mercado (Bellei, 2015), con una educación que es considerada un ‘bien de consumo’ más que un derecho y que reproduce las enormes desigualdades sociales que experimentamos a nivel país (desde infraestructura hasta el trato).

Las consecuencias del sistema educativo individualista y desigual que tenemos son variadas y en muchos casos nefastas para el desarrollo cognitivo de los estudiantes. Por ejemplo, en Chile tenemos un grupo de estudiantes que recibe educación en condiciones óptimas para el aprendizaje, es decir, en salas de clases con excelente iluminación, calefacción, espacios estéticamente decorados, mobiliario ergonómico y patios con amplias áreas verdes, entre otros privilegios. Al mismo tiempo, tenemos otro grupo de estudiantes que reciben clases en containers, sin aislación térmica, con mesas y sillas incómodas, con problemas de iluminación y de ruido, entre otras desventajas.

¿Qué explica que un estudiante chileno esté en un ambiente educativo o en otro? La respuesta es simple, su nivel socioeconómico. Al respecto, estudios internacionales muestran que crecer enambientes empobrecidos tiene consecuencias negativas sobre el desarrollo de habilidades cognitivas fundamentales para el aprendizaje tales como vocabulario, conciencia fonológica y sintaxis, así como también en el desarrollo de la memoria de trabajo, control cognitivo y regulación emocional (Hackman et al., 2010; Hackman et al., 2015; Johnson et al., 2016; Kim, et al., 2019).

En Chile, resultados similares han sido reportados por Rosas y Santa Cruz (2013), quienes evidencian que los estudiantes de enseñanza media que asisten a establecimientos municipales (con nivel educativo bajo) tienen un desarrollo cognitivo inferior comparado a sus pares que asisten a colegios particular-pagados (con nivel educativo alto). Esto nos demuestra que el tipo de educación al que pueden optar los niños y niñas juega un rol clave en su desarrollo cognitivo, por cuanto puede ayudar a estrechar la brecha de las desigualdades cognitivas o bien acrecentarla.

En concordancia con la transformación social que el país demanda,resulta fundamental un cambio profundo al sistema educativo imperante. Para articular este cambio de sistema, es necesario romper con las antiguas lógicas de toma de decisiones ‘de arriba-hacia abajo’ y dar paso a una toma de decisiones colectivas, simétricas, vía conversaciones ciudadanas. Conversaciones que recojan el sentir y la reflexión de los niños(as), adolescentes, apoderados, profesores, académicos, políticos y todos quienes quieran contribuir. Conversaciones que de forma horizontal nutran el proyecto de una nueva educación pública en concordancia con el proyecto país que se desea construir, un país fundado en la equidad, la dignidad, relaciones cooperativas y la fraternidad.

 

 

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